Adolescentes tomando el control, parte II

corriendo

corriendo por su vida

Sali corriendo fuera de la oficina sin percatarme de lo que hacía, cuando tropecé con Amanda. Una Amanda diferente, sus ojos querían penetrar mi piel y me asusto. ¿Qué haces?, le pregunte. Ella no contesto, pero me sostuvo con más fuerza de la mano y me tiraba de regreso.

Otra vez a correr, zafándome de su agarre. Esto no me olía bien, algo estaba sucediendo en la escuela. Busqué a Mariana y a Oscar, les conté todo lo que había pasado. Mariana había visto a varios comportándose de la misma manera.

Así que decidimos seguir la corriente, con mirada penetrante y caminar cansado andamos por la escuela buscando hasta que los encontramos en el pasillo del gimnasio. Bajaban al sótano y hasta allí los seguimos.

Todo estaba en penumbras y el olor a podrido se sentía, esperaba que fueran ratas. Nos escabullimos entre los cachivaches que se guardaban allí, tratando de ver lo que sucedía sin ser descubiertos.

En el claro que daba una ventana había una gran amapola cautivante, juraría que me llamaba, y en el suelo capullos esparcidos.

La amapola expandió sus pétalos cuando Sebastián se acercó a ella, él no se asustó, traía a rastras a uno de los músicos de la banda. El capitán del equipo de baloncesto era fuerte y no se le hacía difícil mover al músico.

Los pétalos abrazaron completamente al chico, mientras intentaba salirse de su agarre. Lo cubrió de una cera blanca que pronto se volvió firme, un capullo.

Nuestros ojos se abrieron como platos al darnos cuenta de que eran los enormes capullos que había por el suelo. Cuando se endureció, la planta regurgito una copia del músico. Óscar grito, nos delatamos y salimos corriendo para salvar nuestra vida no sin antes llevarnos el capullo que contenía a la inquieta Amanda.

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