Dulce Tentación

No es que me santifique, pero debo decirles que lo intente, pero la tentación puede ser grande y más cuando te sientes sola. Muchos dirán que son excusas, que siempre fui una cualquiera. Quizás que lo provoque, pero no fue así. Es bueno que escuchen mi versión.
Trabajaba en una compañía de mercadeo, de 8am a 5pm ese era mi mundo. Casi éramos una familia. Aunque nos separaban unos cubículos, nuestra interacción siempre fue buena, hasta acercarse el día de San Valentín.
Como parte de nuestra fiesta teníamos un intercambio de regalos, en las semanas antes teníamos que darle bromas a nuestro amigo o amiga secreta, una broma por semana. Aunque en mi caso me llegaban diario.
Las supuestas bromas, no lo eran, eran chocolates, flores y hasta carteras. Mi amigo o amiga secreta me conocía bien, eran cosas que me gustaban. Le pregunté a Juan y Karla, mis amigos del trabajo, si eran ellos, pero negaron serlo y no conocer quién era.
Este asunto trajo roces a mi relación, mi pareja se molestó un poco. Aunque últimamente era normal. Le expliqué la situación y no saber de quién eran, podría ser que la broma fuera esa, buscarme problemas.
Nuestra relación pasaba por un bache, ya casi ni hablábamos y si lo hacíamos era del trabajo. Podíamos estar todo el día lejos y ni una llamada, de ninguna parte. Sin mencionar que salíamos juntos, pero no lo estábamos. Lo peor de todo era que negábamos que algo pasaba.
Miguel, todos los día en la mañana traía café a los compañeros de sección y conmigo nunca faltó unos buenos días o te ves linda hoy. A principio me chocaba y me ponía incómoda, pero era agradable que alguien notará mi esfuerzo en arreglarme.
El día de San Valentín, durante el almuerzo, realizamos el intercambio. Para mi sorpresa, Miguel era mi amigo secreto. Cuando abrí su regalo la sorpresa se reflejo en mi rostro. Un set de collar con patallas, pulsera y sortija marca Pandora. Sin contar la caja de 50 piezas de chocolate. Al terminar la entrega de los regalos, llevé a Miguel aparte y le dije que no podía aceptar su regalo, era demasiado costoso y yo era una mujer comprometida. Accedí a quedarme con los chocolates, pero el resto se lo entregué.
En las siguientes semanas, las notas, flores y chocolates no dejaban de llegar. Miguel se insinuaba, siempre detectaba el más sutil de mis cambios, lo que él hombre de mi vida no hacía.
No siento que me enamoré de él, pero con tanto detalle me ilusionó, me faltaba sentir que a traía a un hombre. Hasta el punto en que salí a una cita con él, bueno a una noche de copas. Que terminó en su apartamento.
Fue excitante sentir como me deseaba, como sus manos acariciaban mi piel y la urgencia de despojarnos de la ropa. Confieso que necesitaba sentirme así, sólo que al despertar sabía que había traicionado al hombre que amaba por una dulce tentación.

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La tentación siempre esta presente.

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