Junto a Él

Domingo en la mañana, pude haber hecho un millón de cosas, pero aun así decidí salir tras junto a él. Allí me encontraba en un partido de béisbol bajo un candente sol. Mi cabeza latía, las pocas horas de sueño me estaban haciendo efecto, pero amada estar a su lado.
Su brazo sobre mis hombros mientras me hablaba de uno y otro jugador, me hablaba de estadísticas y jugadas que no recordaba. Nos comimos un hot dog y una cerveza mientras veíamos salir una bola del parque. No era fanática pero la emoción del evento era contagiosa.
Por un momento me dije, que no sabía qué hacía en ese lugar cuando había tantas cosas que hacer. Me preguntaba si su vida me absorbió y me preguntaba si él haría lo mismo por mí, si dejaría algo de su ser por mí. Lo amo, y soy sincera al decirlo. Disfruto el tiempo junto a él, sus chiste y ocurrencias para hacerme reír. A veces pienso que lo odio por dejar de ser de mí para ser de él.  Olvidarme de mis necesidades para ayudarlo en las de él. Hasta que veo sus ojos y la sinceridad en ellos, y recuerdo que no pide nada. Que soy yo la que sedo, entonces me odio a mí.
Una mujer es una guerrera, bañada en paciencia. Una especie de diosa griega dotada de muchos dones, y uno de ellos es unir. Hacer que personas diversas puedan coexistir bajo un mismo techo y lograr que todo engrane. Mi abuela lograba eso, hasta el punto de ver como los engranajes se gastaba o simplemente se salían de su lugar.

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