Loco me llaman los que me ven

loco

Una sombra oscura se ciñe a mí y me llaman loco por seguirla. Una desolación, que no me abandona y mi pecho desea explotar. Ya no me miro al espejo, me odia. Quiero romperlo en pedazos y cortar. Cortar con ellos los lazos de este mundo.

El agua fría y los golpes no han resuelto mi problema. Tumbado en mi cama mirando al limbo, mientras mi esposa llora las noticias del médico y acaricia las hendiduras que dejo la soga en mis muñecas tras la última crisis.

Ella no sabe que no la veo, esa sombra que me acompaña no deja que pueda vivir con ellos. Me atrae y me lleva a un mundo distinto donde no pueden estar ninguno de ellos. No se el tiempo ni la hora, ya no recuerdo las caras de los que me esperan en casa.

Esa esquina es mi única amiga, mugrosa y llena de limo. Con ella gritó y me desahogo. A veces peleo con ella hasta la inconsciencia, y esa ropa apretada que me colocan impide que me coma a mordidas.

No sé porque la gente cuando me ven grita “Loco”. Si los que vuelan a su lado parecen más locos que yo y a ellos no les importa. Me tiran la comida y muchas veces la como del suelo, pero el agresivo soy yo.

Agresivo, por lo que me cansan contrayendo mi cuerpo con electricidad. Amarrado a la camilla con chupones en la frente y una goma en la boca, después de repetir esta sesión varias veces duermo tranquilo y no me levanto hasta la mañana siguiente, aunque esta vez no me levante.

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