Adorno de la época de Navidad, parte III

obsequios

No recordaba los regalos sino la emoción que sentía al despertar esa mañana y ver la sonrisa de su madre mientras abría los obsequios y el momento en que juntos preparaban el desayuno. Al despertar aun sentía su cuerpo invadido de la emoción. No podía negar que su niñez fue muy especial, su madre había procurado que fuera así.

Intento dormir nuevamente. Esta vez era su esposa la que estaba con él, recordó sus primeras navidades juntos colocando la decoración y envueltos en el aroma de la comida mientras se cocinaba. Había estado enamorado de esa mujer desde el momento en que la vio y se juro que nunca le faltaría nada.

Triste fue la realidad al ver como pasaban las festividades y en ellas solo faltaba él. Pudo darse cuenta de lo sola que hacia sentir a su esposa y lo poco que le interesaban los lujos y obsequios. Festividad tras festividad se fueron alejando hasta el día en que ella no aguanto más. En ese momento Agustín acepto que no había cumplido su promesa como él pensaba y despertó con la sensación de vacío en su pecho. Un vacío que no podría llenar nadie más.

Generalmente no era persona de recordar sus sueños, aunque estos eran demasiado vividos para ser solo eso. Como las veces anteriores, una luz lo despertó. El sonido de sollozos lo llevo hasta la sala donde el árbol de su madre alumbraba el lugar, su madrina y las vecinas lloraban. Ella era una gran mujer, escucho decir a una.

Agustín fue a la cocina donde sabía que encontraría a su madre, quizás preparando café para sus inseparables amigas, pero allí no estaba. Los sollozos amortiguaban sus pasos por la casa en busca de su madre, hasta que llego a su cuarto. Llevaba años sin visitarlo, pero estaba idéntico. Un cuadro del corazón de Jesús colgaba de la pared y un nacimiento en porcelana decoraba la mesita de noche y allí la encontró. Yacía recostada en su cama, serena y ausente, y su esposa sosteniéndole de la mano.

No puedo creer que no esté aquí contigo, decía mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Se olvido de nosotras, todo por dinero. Allí mientras veía el cadáver de su madre entendió que la dejo sola cuando más lo necesitaba y comenzó a llorar. Había abandonado a su madre y jamás la volvería a tener. Despertó llorando y no pudo contener las lágrimas, eran las 5 de la mañana cuando despertó. ¡Hoy era navidad!

Agustín se había dado cuenta del dolor que había causado y se prometió a si mismo que compensaría todo lo malo que había cometido. Después de aquí fue el hombre más desprendido y amoroso del mundo. Aunque aun no ha podido reconquistar el amor de su esposa, pero creo que va por buen camino.

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