El comienzo de la travesía

travesía

Había pasado una semana desde mi travesía donde encontré el pedazo de tela y aun no había descubierto a lo que me recordaba.

El día comenzó radiante y mi ánimo estaba optimista, la razón era desconocida pero aun así no disminuyo la emoción. Me termine de vestir y salí a desayunar. Cuando María me vio, fue de tristeza y lágrimas lo que había en sus ojos, aunque intento disimularlo.

Mi madre y yo somos totalmente distintas, ella tiene sus facciones caribeñas mientras que yo por desgracia le recuerdo a mi padre en cada momento. Tez clara, pelo negro y los ojos, como los describe mi madre, grandes, pestañosos y con un brillo intenso que irradia luz. Supongo que lo dice por minimizar el dolor que le causa mi parecido con mi padre.

Llegue a la escuela, donde encontré a las chicas en la cafetería.

– ¡Que lindo está el día! – les comente…

– No veo por qué pueda estar lindo el día – irritada comento Erika.

– ¿Qué es lo que sucede?–comente con sorpresa.

– No le hagas caso, – me insistió Yaril con un tono de ironía en la voz. – Según comentan, el profesor de literatura se reporta hoy.

En esos momentos mis ojos se posaron en un chico que cruzo la puerta de la cafetería. ¿Quién será? – debe ser hijo de algún profesor – pensé mientras lo veía caminar por la cafetería.

– ¿Quién es él? – comente, haciendo señas hacia él.

– Nunca lo había visto – me comento Yaril.

Erika no prestaba atención estaba tan molesta por tener que quedarse en la escuela que no vio el cambio en mis facciones.

– Vamos a llegar tarde, caminemos – comento Yaril.

Camine sin darme cuenta hacia donde me dirigía solo veía al chico de la cafetería. Sus ojos captaron mi atención como un imán.

En uno de los cambios de clase recordé que debía tomar literatura con el Señor Wright, el profesor nuevo. Tenía que aguantar en la escuela solo una hora más.

 Allí encontré a Erika. Al entrar al salón de clases me invadió mi aroma secreto, aunque se encontraba en mi mochila, no lo había sentido tan intensamente como hasta ahora. Me senté y a los pocos minutos entro el profesor Wright.

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