El arbolito, tradición que no se debe olvidar

arbolito de tradición

Salimos, hoy vamos al monte por un arbolito. Buscamos el hacha, la soga y una pequeña carreta la que nos ayudaría a traerlo. Buscaremos el árbol más hermoso para adornar.
Llevando botas, camisas larga y sombreros salimos a la intemperie a hallar el ornamento perfecto. Mi papá, mis hermanos y yo caminando entre la arboleda buscando aquel qué nos guste para llevar.  Mientras mamá, en casa, prepara palomitas de maíz que coceremos para envolver a nuestro invitado de ocasión.

Ya escogido el árbol, mi papá desprende pedazos de corteza del tronco con cada golpe propinado con el hacha hasta hacerlo caer.  Lo amarramos con firmeza a la pequeña carreta sin las timas sus ramas, no sin antes colocar una estaca que nos indicara el lugar donde estaba el arbolito, donde luego volveremos a sembrar más.

Al llegar a casa, el árbol es colocado firme y fuerte en la base donde le añadiremos agua para que durará toda la época.  Estando colocado el árbol en su lugar todos nos vamos con mi madre a la cocina, es el momento de hornear. Mi padre toma el rodillo y comienza a trabajar con la masa. Nuestra madre se encarga de precalentar el horno, mientras escogemos las figuras que queremos crear.

Las estrellas, los muñecos de jengibre y cada figura encontrada estaba ya puesta en la bandera listas para hornear. Entre tanto esto ocurría, todos nos sentamos alrededor de mamá a unir cada una de las palomitas que no terminaban en nuestras bocas. Cuando ya todo estaba terminado, con tazas de ponche casero en manos, colocamos parte de las galletas, las polímitas y una gran estrella en el árbol, una tradición que no se debe olvidar.

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