Frío sepulcral, en los huesos y en el alma

Un sol radiante, y en mi interior un frío sepulcral. No importa lo bueno que sea el caos se avecina.
No quiero ir, es mi pensar cada mañana. El deseo de salir disminuye cada segundo que pasa. No quiero salir de mi cuarto, mi escondite, mi refugio.
Me gusta ayudar, y ser amigo, pero el rechazo es constante.
La respiración se acelera, ya estoy en la puerta, y un frio sepulcral recorre mi cuerpo. El gimnasio, el lugar de los golpes. Mi compañero me golpea con los balones, me insulta y se lleva el dinero de mi almuerzo. Respiro hondo, y colocó una sonrisa en mi rostro, si alguien lo sabe recibiré la golpista de mi vida.
Llegó a mi casa, mi mamá en la cocina me pregunta por el día en la escuela. Si supiera mi suplicio no estaría tan tranquila. Los adultos a mi alrededor no sospechan el martirio que vivo a diario.
Aún pienso si debo hablar o esperar que esto termine, aunque sé que debo detener la situación y actuar, sólo me quedo pensando.

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