¿Cuánto esperamos?

esperamos
Estación del Tren, New York

Esperamos; para todo en esta vida hay que esperar, hasta para morir. La diferencia es como lo hacemos.

Hoy, por enfermiza, me toco cita con mi médico, me levante temprano a prepararme. Me peiné e ingerí mis alimentos, luego de haber tomado mi medicación diaria. Al subir al vehículo encendí el radio y coloque mi música favorita, lo que hago siempre que ando sola.

Llegue a la oficina del médico, después de haberme estacionado bastante lejos, pero eso no cambio en nada mi ánimo. Al entrar a la oficina la que estaba atestada, llena porque el médico no había llegado, salude con un Buenos Días seguido de una sonrisa. A lo que no escuche contestación alguna. Me recosté de la pared a observar a los “pacientes” que se encontraban en el lugar.

Una señora me cedió su silla, ya que el frio no le permitía seguir en la sala. Así que pase a sentarme al lado de una señora de 75 años y su libro de crucigramas. Hablamos de su vida, de cómo crio a sus hijos y lo mucho que le gusta jugar con sus bisnietos. Me hablo de cuando sus hijos le vendieron su guagua, porque ya no estaba apta para conducir.

–      “La llore porque fue el primer auto que me compre con el sudor de mi frente. Hoy los jóvenes no saben valorar lo que tienen.” – me dijo.

También me hablo del tiempo que pasaba con su vecina, su compañera inseparable en las horas de novelas mientras bebía café colado por ella misma. Me menciono, en un momento, que no padecía de casi nada para su edad, no tenía alta presión ni diabetes. Estaba allí por una revisión rutinaria.

Luego de un rato llamaron a mi conversadora amiga y me quede sola por un tiempo. Una señora con su hijo se acomodó en los espacios vacíos a mi lado, lo primero que me menciono al sentarse fue – “que mucho sea tardado el médico en llegar.” A lo que le respondí con una sonrisa; ya lo sabía mi espalda ya me había recordado el mucho tiempo que llevaba sentada. Durante el tiempo que estuvo a mi lado menciono varias cosas como que pudo haber aprovechado el tiempo para buscar los uniformes de su hijo, o haber ido a pagar su casa, o también pudo buscar unos análisis que tenía pendientes. ¡Qué mucho esperamos! Esto lo repetía a cada persona que le prestaba oído y hasta cuando su teléfono contesto repitió nuevamente el recuento. Así estuvo hasta que la llamaron.

Fue interesante escuchar a mi locutora vecina, hasta ese momento me pude percatar de las muchas quejas que salen de nuestra boca a diario. Y son muy pocos los comentarios positivos que podemos mencionar ya que al parecer los negativos son más fáciles de recordar. ¿Porque perder el tiempo quejándonos de cosas que no podemos controlar? ¿Qué esperamos para ser feliz?

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