Bitácora de María, Parte VII

repartiendo agua tras María

30 de septiembre de 2017 Día 10, después del huracán

Hoy, tras María, me levanté con las voces de mis hijos, jugaban tribias. El menor le hacía swing de jugadores de grandes ligas y ella tenía que adivinar. Me percaté que Esteban también estaba escuchando y riéndose de las ocurrencias de Miguel. Esto hizo que nos escucharán y llegarán a nuestro cuarto.

Diez días sin luz y sin agua, siento que vivo a principio del siglo. Al no tener tecnología busco que hacer, soy ama de casa full. Ya sé lo que nuestras abuelas y bisabuelas pasaron, aunque con algunas modificaciones. Pero me ha gustado, he visto a mis hijos jugar en la calle y olvidarse del celular y los PlayStation. Ayudarme a lavar a mano, tender la ropa y estar pendiente de que esta seca. Me han ayudado a cocinar y hasta fila para recoger agua, gasolina y alimento han hecho. Sé que es una experiencia nueva un gran reto para la isla, pero también de aprendizaje para adultos y jóvenes.

Y lo más importante, pensar en lo demás y ayudarnos entre todos. Pasamos en la tarde por San José, fuimos a casa de mi mamá a llevarle agua y a casa de una amiga. Me crie en San José, al igual que mi esposo, desde el huracán cada vez que llagamos recibimos algo de ayuda. Cuando nos íbamos Carla, una de mis mejor amigas, llegó repartiendo provisiones y claro está repartió a los vecinos y algo para mí. Dios siempre ha sido bueno con nosotros, sin esperar nada algo llega.


1 de octubre de 2017
Día 11, después del huracán

Otro día más sin luz y sin agua. Los días tiene su lado positivo y lo mencionado en otros días. Nos hacemos más fuertes cada día, pero veo lo difícil que lo están pasando otras personas y no sé hasta cuándo podrán aguantar. Doy gracias a Dios porque mi familia está bien y poco que mucho tenemos para comer, beber y bañarnos, pero otros no. Duele el no poder hacer más, ver en las noticias como se mueven las paletas de comida y no ver que lleguen a los necesitados. Ver personas perder la fe y los límites, y comenzar a llorar porque no saben qué hacer. Aunque la desesperación nos agobia debemos tratar de vivir un día a la vez, y saber que estamos vivos para hacer que las cosas cambien.

2 de octubre de 2017
Día 12, después del huracán

Una mañana difícil no pude dormir bien, el escuchar de los allanamientos, asaltos y violencia que se están viviendo no me deja dormir. Sueño con ellas y son las personas que quiero son las víctimas, ya hoy se me comienzan a notar las ojeras y el cansancio. Pero es un nuevo día y hay que luchar nuevamente. Cada día es un nuevo reto.

Hoy debía reportarme al trabajo, de camino vi el puesto vacío y aproveche para echarle gasolina a la guagua y a los envases, Esteban iría por agua.
Al llegar saludé a mis compañeros, es bueno saber que ellos al igual que sus familias están bien y que la pérdida fue sólo material. Leímos el memo enviado por la secretaria de educación donde indicaba las directrices a seguir. Revisamos los alrededores, nos organizamos para mañana comenzar a recoger nuestra escuela, hay mucho que hacer, pero si todos cooperamos lo lograremos. No será en un día o dos, pero un poco todos los días hasta que culminemos.

Al salir pasé por casa de mami sólo quería abrazarla y me fui, hoy me siento melancólica no sé si es la falta de descanso u otra cosa, pero tengo que ser fuerte por mí y por mis hijos.

Quería saber de mi amorcito así que salí por señal, hable con él, llame a Sprint y hable con una amiga. Mientras Miguel jugaba y Estela hablaba con Gabriel, más bien intentaba. Estaba molesta por que no lo conseguía. Después de más de una hora regresamos a casa, estaba cansada, tenía dolor de cabeza y la melancolía no se iba. Podía llorar hasta que se me quitará pero que contestaria cuando Miguel me preguntará que me pasaba. Que me asusta lo que está pasando, que me siento impotente, que me duele lo que le pasa a los demás, pero el sólo tiene 11 años y no se merece que dañe su paz.

Para distraerme me puse arreglar los screenes del family. 

En la noche Esteban encendió el generador de energía, mis tres amores se fueron a jugar PlayStation y yo tuve el espacio que necesitaba para llorar.

3 de octubre de 2017
Día 13, después del huracán

Hoy en el trabajo se cortaron trancos de árboles y palmas, se recogieron hojas y palos, en fin, la parte delantera de la escuela quedó lista. Hasta los hijos presentes dieron de su parte. 

Aquí una descarga de lo observado. Puerto Rico se levanta, conste que apoyo el lema, pero todos debemos dar un grano de arena. Sentarse a quejarse o dar opiniones, sin acción no sirve de nada.

Una tarde para buscar señal, agua y alimentos; sin mencionar las pequeñas filas, pequeñas por que ya han bajado bastante pero el no haber luz hace que el desplazarte de un lugar a otro sea imposible.

El que espera con fe, así recibe. De camino para Costco para conseguir agua les comento a mis hijos que buscaría algo para la cena. Ya me estaba cansando de la latería, pero no lo diría. La vez pasada que fuimos a Costco los freezers estaban vacíos sólo había bacalao, así que mi pensar era bacalao para la cena. Al recoger las dos cajas de agua que estaban dando y moverme en dirección a los freezers y ver carne fresca colocada fue ver la gloria. Compre un paquete de chuleta para hoy y uno de bistec para comerlo mañana. Dios aprieta, pero no ahorca, mi abuela siempre decía eso, pero hasta hoy no lo entendí. Mis hijos contentos por las chuletas que comerían hoy; cambiaron rápido el menú de pasta pene con pollo de lata por arroz blanco, habichuelas rojas y chuletas.

Terminamos el día viendo el juego de los yankees vs. twins, por el wild card. Lástima, sólo llegue a la 3era entrada. Por el esfuerzo de hoy me tomé una neurontin y me quedé dormida.

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