Casa que siempre soñé, parte III

sangre

Abrí mi computadora y busqué crímenes en el área, no había nada. De donde la sangre y las visiones. Aunque pueden ser a consecuencia del cansancio. Termine de pintar los cuartos, ya no podía hacer nada más, aun me quedaba la cocina y el sótano de la casa. Prendí la radio y me serví una copa de vino para comer mi cena de microondas. Cuando una mujer apareció, me señalaba el pasillo e intentaba hablar, pero cada vez que lo hacia un chorro de sangre salía de su garganta, salpicando todo a su paso.

Desperté sobresaltada, me pare en el mismo sitio donde antes había estado la mujer sangrante y mire en la dirección que señalaba. El sótano, el cual estaba clausurado por ambos lados, estaba para ser arreglado al final. Aunque la curiosidad me ganó y ya me veía rompiendo la puerta bloqueada para bajar.

Llegue al final de la escalera, era un lugar amplio lleno de cajas y pequeñas ventanas que traían luz de afuera. Sería una gran sala de reuniones, pensé. Al abrir la puerta de la habitación que había en el sótano había una colección de cuchillos de carnicero, ganchos de carne, una sierra de carnicero y un estante de libros. Luego de observar el lugar, recogí varios libros y me sentí a hojearlo. Eran diarios de un Sr. Davis.

En su diario detallaba como escogía a las personas y escribía la vigilancia que había hasta el momento de llevarlas a su casa. Allí las mataba y las picaba en pedazos, las metía en el congelador y se alimentaba de ellas.

Nombres, fotos y direcciones había por montones. Personas de todas las edades. Recogí todos los libros que pude y llamé a la policía.

El Sr. Davis se había comido hasta su esposa e hijos, nadie lo supo y nadie los echo de menos. El Sr. Davis murió en esa misma casa, cuando fue descubierto ya los animales lo había cenado.

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