El mal existía al igual que el bien

existía

Mi bisabuela Tita tenía un cuarto al que no permitía el acceso a muchas personas, pero al cual siempre encontraba la manera de irrumpir. Estaba decorado con imágenes, velas y cuencas. Lo que podía recordar a vuelo de pájaro, ella siempre se percataba al segundo que había entrado. No me castigaba solo me recordaba que el mal existía al igual que el bien y que no debía jugar con el. Son fuerzas que no podemos controlar.

Fueron enseñanzas que mientras ella vivía nos recordaba al morir se fueron olvidando.  Las películas de misterio me atraían, sacaban pensamientos que normalmente no tenía. Intentaba que no siguieran, pero me seguían juegos y temas oscuros que se hablaban en la escuela.

Una vez, mis compañeros y yo estábamos aburridos así que sacamos un papel e hicimos algo que vimos en un video. Dibujamos una silueta a la que le pusimos un alfiler, según movía mi lápiz el alfiler también se movía. No lo hagas, escuche. Me asusté, el lápiz cayó rodando por el piso. Mis amigos me miraron y se echaron a reír. Me asustó la voz que escuche en mi oído, mi bisabuela, juraría que estaba a mi espalda. Esa noche mientras dormía sentía como mi cama se movía por el peso de otra persona.

No sabía cómo lo había hecho, pero había abierto una conexión entre dos mundos. El mal existía al igual que el bien en cada una de las personas solo ellas podían escoger en vida a cuál servir, ahora que todo lo que veo y escucho no es real para todos, lo entiendo. Lo único bueno es que Tita está conmigo, aunque esto no siempre me ayuda a deshacerme de los espíritus que habitan en mí.

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