Sueños, sueña y vive más (parte III)

película

Según pasaban las imágenes en el noticiero los recuerdos pasaban por mi mente, tan rápidos como película vieja rebobinando. La puerta por donde entre, la copa donde me sirvió vino que no bebi por ir a desabrochar los botones de su camisa. El abrecartas dorado con espirales grabados en su mango aun sentía su peso en mis manos. Esto parecía una película de misterio.

Llore, llore por él, por mí y por el desconcierto que me causaba el no tener control de lo sucedido. Levante el auricular para llamar a Roberta, mientras marcaba su número desistí y colgué. ¿Qué le iba a decir? Si yo misma no sabía cómo sucedió. Di vueltas y vueltas por la casa buscando una manera de solucionarlo. Temía que la policía tocara a la puerta y que excusa daría para tan abominable acción.

Busque en la gaveta unas esposas con las que solía jugar, mi ex tenía un fetiche con ellas. Coloque la llave en el cuello del gato de la vecina, al que le gustaba pasar el día en casa, la otra la coloque en la gaveta de la cocina. Ambas lejos de mí.

En todo el día no salí de casa, me la pasé viendo la televisión sin verla. Buscando soluciones disparatadas a lo sucedido, pero tenía mis esperanzas puesta en las esposas, aunque así pasara mi vida.

A la mañana siguiente amanecí tumbada boca a bajo abrasando mi almohada. La humedad me levanto y así el asombro, mi cama estaba manchada de sangre. Aferraba la almohada a mi pecho como medida protectora, mi muñeca estaba muy mal herida y libre de toda atadura. A los pies de la cama las esposas abiertas con todo y llave. ¿A quién abre matado?

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