Sueños, sueña y vive más (parte II)

mátalo

“Mátalo, Mátalo” repetía una y otra vez la voz en mi oído. Eso no fue lo más extraño, lo más extraño fue comenzar a sentir esa sensación palpitando en mi interior, ese deseo de verlo morir. Hasta que desperté llorando.

Roberta, mi amiga desde la infancia y mi confidente, fue a la única persona que le comenté los sucesos. La primera vez que le avisé lo que me estaba pasando ya llevaba un mes en este trajín, me tildó de loca y desquiciada. Me dijo que necesitaba salir y dejar de trabajar tanto, yo sólo me reía a carcajadas.

Ahora, Roberta me miraba sobresaltada y no dijo nada. Algo extraño en ella. No le comenté que al despertar aun sentir el deseo de apuñalar a ese individuo que me tocaba incesantemente. Roberta se ofreció a quedarse conmigo, pero decline el ofrecimiento. Temía hacerle algún daño.

Llevaba varios días dormitando, logrando a base de café no quedarme dormida, pero ya perdía la batalla. Sentía el aroma a incienso y sus manos en mis nalgas aferrándome a él, lo podía sentir cada vez más dentro de mí. Estire los brazos de excitación y agarra el abra cartas que tenia sobre la mesa de noche y se lo incruste en el cuello. Busco aire sin cesar, mientras la sangre empapaba todo.

Desperté asombrada, no me sentía triste ni asustada. Recordaba lo contenta que me sentí al percibir la tibieza de su sangre en mis manos. Sacudí la cabeza y me bañé con agua fría para borrar ese mal recuerdo. Mientras me bebía el primer café de la mañana, las noticias confirmaban de la muerte de un joven con un abrecartas.

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