Somos más Parecidos que Diferentes

parecido
A pesar de lo superficial, nuestro interior es lo que tiene valor.

En la calle 4 del poblado Media Luna, siempre a las 6:00 pm se reúne un grupo de niños a jugar baloncesto, niños que son más parecidos que diferentes. Sus juegos no se suspenden ni cuando falta algún integrante, era solo por diversión y los chicos lo disfrutaban al máximo.

Ryan era el primero en llegar y el ultimo en irse, además se percataba de todos los cambios en el lugar, por más mínimos que fuera. Por eso el día que se mudaron los nuevos vecinos ya todos lo sabían. En la casa frente a la cancha se mudó una nueva familia compuesta por un matrimonio y un niño.

Mientras los días pasaban vieron como fueron acomodando las cosas, pero nunca veían al chico afuera. Aunque si, una silueta en la ventana. Ryan se extrañó de que el nuevo niño no jugara con ellos así que al llegar a casa se dirigió a la cocina donde se encontraban sus padres.

–          Mamá, papá. Saben el niño que se mudó frente a la canchan no sale a jugar – los padres de Ryan se miraron. A lo que la mamá le hizo gestos para que se sentara a su lado.

–          Cariño, hay niños que se enferman todos los días. Hay algunas de estas enfermedades que se cura y otras que duran mucho más. Bueno, el niño que vive en esa casa tiene un trastorno por lo que sus padres prefieren tenerlo en su casa.

–          Pero mamá a los niños nos gusta jugar, yo jugaría con él – Ryan no entendía la razón por la que un niño no le guste jugar. Para el todos somos parecidos.

Luego de la cenar y de terminar la conversación con sus padres, Ryan se fue a dormir. Al amanecer, ya Ryan estaba despierto. Trataba de buscar una forma para poder conocer al nuevo chico e invitarlo a jugar.

Cuando llego a la cancha, ya todos los demás se encontraban allí. Hablo con sus amigos sobre la conversación que había tenido con sus padres la noche anterior y todos llegaron a una gran idea.

Caminaron hacia la casa y tocaron la puerta. La puerta se abrió mostrando a una señora y agarrado de su pierna un niño de ojos inclinados hacia arriba y sonrisa alegra. Por donde se asomaba su lengua, su pelo fino le caía sobre la frente.

–          Hola señora queremos llevar a su hijo a jugar con nosotros, si nos lo permite- le dijo Ryan en cuanto la señora intento hablar. 

La madre de José, que era el nombre del niño nuevo, se asombró y lo pensó por un minuto.

–          Sí, si me permites ir con ustedes – Ryan y los demás sonrieron.

A partir de ese momento todos los días Ryan, José y los demás salían a jugar baloncesto como amigos de toda la vida. Nunca lo trataron distinto siempre fue y será uno más de ellos, porque ellos son más parecidos de lo que piensas. Sin importarle lo que piense la sociedad.

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