Max, el mejor amigo del hombre

Max

Hace muchos años en un callejón oscuro y húmedo, vivía Max. Max era un pitbull blanco con un ojo manchado de negro, era su distintivo. Era un perrito alegre y juguetón.

Todos los niños que lo veían quedaban encantados, ya que cuando Max los veía corría a su encuentro y los llenaba de saliva de tanto lamerlos, pero sus padres lo golpeaban arrojándole piedras y palos. Por el simple hecho de ser un pitbull.

El pobre perrito no entendía por qué los adultos lo trataban así, si él solo buscaba amor.  Él no había tenido la culpa de qué los humanos que lo compraron la abandonarán en ese mismo callejón en donde vive hoy.

Max recuerda que cuando vivía con su dueño, en varias ocasiones mordió cosas que no debía, pero era sólo un cachorro que necesitaba que le enseñarán.  Así que tuvo que aprender a defenderse sólo, a buscar comida y refugio cuando el clima no era favorable para el.

Una tarde en qué Max fue al parque encontró a unos niños jugando con un frisbee.  Cuando Max vio el frisbee se puso muy contento y comenzó a perseguirlo de lado a lado. Los niños se dieron cuenta y tomaron el frisbee y lo lanzaban para su área más lejos.

El perrito volvía a correr tras el frisbee, lo tomaba y se los devolvía. Los papás de los niños vieron la escena y se acercaron. Max al verlos se agacho y cerro sus ojitos esperando el maltrato.

Espero y espero, pero el golpe no llego. Así que abrió los ojos y para su sorpresa había cuatro personas a su alrededor.  El papá tendió su mano con cuidado y le acarició entre las orejas, Max movió su colita de alegría. Nunca un adulto le había dado amor como ese.

Esta tarde Max tomo un baño de burbujas en su nueva casa, tenía un plato con su nombre y una camita al lado de sus nuevos humanos.  Mañana iría su cita con el veterinario. Aunque sonaba aterrador sabía que esas personas que lo habían llevado a su casa, lo hacían para cuidarlo. 

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