Bitácora de María, Parte IX

Primera Hora, Portadas del Huracán María

8 de octubre de 2017
Día 18, después del huracán María

Desperté gritando, algo que ocurría seguido desde María, esta vez era mi hombro izquierdo. El dolor me levanto. Después de que se me aliviara el dolor a eso de las 4am ya no podía dormir así que me obligue, lo que fue un error. Sueños de muertes, electrocutados y tragedias me hacían levantar a cada rato. 

Esteban llevaba varios días medio molesto/preocupado, según él. Por la situación del taller, como de costumbre al salir de misa vamos a almorzar. También se molestó porque nuestras elecciones de almuerzo estaban repletas de personas buscando lo mismo. Para hacerlo más corto, seguimos molestos hasta casa, donde llovía. Los chicos y yo nos bañamos en la lluvia, mientras él rabiaba con el techo de la planta donde había goteras.

El family de nuestra casa tiene unos bloques de cristal por donde baja la lluvia desde el huracán María y saben quién es responsable del asunto, otra molestia. Un suspiro grande y a ver el juego de Houston vs. Boston.

Como llevaba tanto tiempo lloviendo, unas sopitas de salchichón y pollo para la cena y pan con mantequilla. Un ratito de briscas y cerramos con el juguito de Indios vs. Yankees.

9 de octubre de 2017
Día 19, después del huracán María

Hoy celebramos el día de la raza, celebre tanto que dormí casi 12 horas, pero no en tanta plenitud. Entre los sueños de siempre soñé con mi abuela, se vía como cuando yo era adolescente, aunque no pudiera hablar yo la entendía y entre lágrimas me decía que se tenía que ir. Yo lloraba también y le contestaba que no, que no se fuera. Ella me daba ropas y objetos, diciéndome que me los quedará. Colocaba batas y camisas en mi cuello, llévatelos, llévatelos decía. Yo le insistía que no que no me servían y que no se tenía que ir. Me desperté de momento, no quería pensar en que se despedía. 

En mi infancia ese siempre fue mi miedo, despertaba sobresaltada y llorando. Ahora que soy adulta y ella tan frágil no me hago a la idea de que un día no va a estar más a mi lado. Miguel también se despertó con una pesadilla, una excusa perfecta para consolarnos de parte y parte.

Desperté después de las 7am, los demás estaban despiertos, Esteban ya se iba a trabajar y mis hijos jugaban. Salí de la cama, después del desayuno salimos por gasolina, aún tenía el sueño en la mete y pasaría por San José a saber de ella. No podía quitarme de la mente que los teléfonos estaban locos y si algo pasaba mi mamá no podía llamar. María había destrozado todo, hasta mis nervios.

Después de la gasolina y del tapón que se forma para salir de San José por el cierre del puente, llegue a casa de mi abuela. Sólo mi abuelo estaba en el balcón ni señal de mi abuela ni mi mamá, esto hizo que el estómago me diera un vuelco.

Al pasar por la puerta de su cuarto la vi en su camita acurrucadita, le miré el pecho. Mi alma regreso al cuerpo y ella me miró, casi se me salen las lágrimas, pero las contuve para que no se preocupara. Me senté a su lado y la abrasé. Ella me sonrió y pase mi mano por su suave y blanco cabello, tenía un chichón. Te caíste fue mi pregunta para ella, la que contesto con un gesto de dolor. Levanté a mi madre que también dormía, me contó que ayer, al parecer sus piernas no la sostuvieron y se calló.

Más tranquila regrese a mi casa, estaba nublado y pretendía usar la lluvia para recoger un poco pero sólo llovizno. Miguel y Carlos se fueron a jugar, Carlos es el nieto de Enid y Luis. Entre corre y corre, además de regaños de que se podían caer. Veo que Miguel va para casa de Enid y regresa, se quita los patines. Algo socito, pensé que era porque lo había regañado, llevaba dos mudas de ropa y no hay agua para lavar. Se pone a jugar briscas con Estela y conmigo, después de un rato nos dice que fue para casa de Enid a llevar a Carlos porque se había rajado la cabeza, en la marquesina de mi casa y ni cuenta me había dado. Sabrán lo que le dije a mi hijo, que me tenía que informar.

Salí corriendo para casa de mi vecina a ver como seguía Carlos y la gravedad del golpe. Isarys ya iba de camino para el hospital. Luis estaba molesto por los patines, ya que con ellos estaban jugando y les prometió que se los botaría.

Esteban no había llegado y ya estaba negro, cerré la puerta de garaje y la de entrada y lo llame, ya iban hacer las 7pm y él no es de llegar tan tarde.
Diez minutos después estaba en casa después de guardar los carros le conté el suceso de la caída.
Nos bañamos y comieron, luego me recosté a descansar.

10 de octubre de 2017
Día 20, después del huracán María

En mi trabajo nos reunieron para decirnos las nuevas directrices; primero, que la secretaria de educación pensaba comenzar las clases el día 23 de octubre. Segundo, en horario de 7:30 am a 5pm y tercero que tomarían dos semanas del mes de junio para cumplir con el año académico; claro está, sólo en las escuelas que lo necesiten según ella. A veces me pregunto en que mundo vive ella, tiene ideas buenas pero la manera en que las implementa no es la adecuada y debe recordar que no está en los Estados ni los maestros cobran el mismo sueldo.

Tenía que llevar una carta al correo, pero me había enterado de la entrega de confort y frisas en la cancha de Toa Alta y decidí pasar por ahí primero. Conocía mucha gente que las necesitaban y si podía conseguir sería una gran ayuda. La fila era larga y el sol caliente así que decidí intentarlo mañana. Note vehículos con más de 10 confort, quedé estupefacta, esperaba que fuera para compartirlo con necesitados y no para lucrarse con ellos.

Al llegar al correo lo habían mudado para el pueblo de Toa Baja, la razón desconocida, pero tenía que llegar allí, Dios mío los tapones que se hacen para salir de Toa Alta una hora y contando.

Busque a mis hijos para que almorzaran conmigo de una vez. Llegamos a Toa Baja bajo un aguacero, no había estacionamiento. Después de dos horas Estela se bajó y hecho la carta en el buzón y nos fuimos para el Mesón de Dorado. Al terminar llenamos los envases en el oasis y seguimos para casa.

Ya en casa, me percaté que después de 20 días de María hoy habían recogido la basura, pero los escombros no. Algo es algo. Jugamos briscas y monopolio. Luego coloque los últimos libros que me quedaban en el librero y decidí cuál sería el nuevo proyecto.

A las 4:29 pm hable con mi amorcito venía por donde una vez estaba la cárcel oso blanco, de allí hasta mi casa se podría tardar una hora, pero ya era las 7:20pm y no había llegado. Y quien sabría a qué hora llegaría con los tapones y la lluvia que estaba cayendo. Pensaba llamar a mi cuñado, pero no lo quería asustar, habían avisado abrir las compuertas de la plata y que la Guardia Nacional está en velas de que Levittown volviera a inundarse. Llegó a las 7:35pm y sin relajo quería saltarle al cuello.

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