El jibaro puertorriqueño

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Jibaro, nací con el machete en una mano y en la otra la mata de plátano, y en mis venas sangre mestiza. Crecimos rodeados de animales y cultivando nuestro propio alimento mientras se trabajaba en las centrales y en los cafetales. La educación era poca y el trabajo fuerte, aunque nuestro instinto de lucha crecía con cada injusticia.

Durante años luchamos contra España, así hicimos durante el Grito de Lares. Junto a Betances se levantó el pueblo puertorriqueño tomando armas para pedir la independencia, hasta que en 1898 el panorama cambio.

Los adversarios grandes no existen sino el ímpetu de un pueblo que no se doblega, y Jayuya tuvo el privilegio de verlo. Hondeando la bandera de Puerto Rico en alto proclamaron su república, un acto prohibido para ese entonces. Los artilleros del norte llegaron a la isla por la acción de unos jibaros. Aunque el pueblo de Jayuya fue destrozado la transmisión de dicha noticia solo se conoció en territorio borincano.

David Sanes logro mover nuevamente un pueblo tras su muerte. Estos jibaros, incultos y en tapa rabos, pidieron paz para la isla Nena. Marchando sin cesar hasta lograrlo. Con desobediencia civil y apoyo mundial lograron que una marina saliera de ella.

Hoy el jibaro puertorriqueño vuelve a levantar su voz. Tras años de corrupción y un debacle económico un chat detono la bomba haciendo que el pueblo arrasara con calles vitoreando a todo pulmón, ¡Roselló renuncia! Que ironía la de este pueblo, porque a dos generaciones de los Roselló les ha tocado ver lo mejor de ellos.

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