¿Tú odias?

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¿Tú odias? Es una pregunta que la mayoría contesta con un NO, sin pensar en lo que implica odiar. Odiar es rechazar, querer eliminar todo lo que te causa disgusto, lo que no puedes tolerar o simplemente te aborrece.

Aborrecemos el racismo, pero vemos poco profesional o mal llevar el cabello rizado natural. O cuando piensan que por tener tinta en la piel no estamos capacitados para pensar.

Despreciamos al que denigra a la mujer, pero vemos gracioso el ponerles apodos despectivos o verlas menos intelectual que los hombres. No todos los hombres saben de mecánica ni todas las mujeres de cocina.

Señalamos el robo y el atropello, y nos hierbe la sangre cuando las protestas no nos permiten llegar a un lugar. Pero seguimos abrazando a los políticos como héroes en vez de verlos como lo que son, unos parásitos.

Hablamos de aceptación, más no aceptamos cuando nos equivocamos. Cuando equivocamos el juicio y le colocamos etiquetas a las personas. No todas las mujeres quieren ser madres ni todos los hombres quieren pertenecer al ejército.

Es gracioso ver cuando un niño patea a un animalito indefenso, pero cuando ese niño crece y hacer lo mismo con otro ser indefenso, esta vez su hijo. ¡Nos escandalizamos! El abuso no se debe permitir de ninguna manera. Vida es vida y vale por igual.

Exigimos paz, pero no sabemos estar sin guerra. Crecimos en un mundo de caos donde vemos en los demás la competencia.

Vivimos en mundo de cambios donde la sociedad intenta mejorar en un ámbito superficial, pero cuando escarbamos vemos los mismos sentimientos retrógrados de hace un siglo atrás. El amor, el respeto y la empatía deben ser ofrecidos a todos sin importar sus creencias. ¡No hacer daño debe ser nuestro objetivo!

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