El virus que se comió al mundo, parte II

Las directrices eran estar cuarenta días en aislamiento del mundo, pero las personas no cooperaron. Así que el mundo estuvo por dos años encerrado en su casa para evitar el contagio de la enfermedad.

mundo

Las hogueras humanas se encendían a las dos de la tarde, había que cerrar las ventanas con miedo de que las partículas entraran a contaminar, aun cuando la persona estuviera muerta.

La ciencia nos defraudo, cada nuevo tratamiento o vacuna aceleraba el tiempo de muerte de un infectado. Parecería que el virus estuviera preparado para defenderse.

Dos años de escasez. Las personas comenzaron a cultivar en sus casas alimentos de rápido cultivo, cuando el alimento dejo de ser entrado a los supermercados. Se redujo la ingesta de alimento y agua para sobrevivir. La dieta cambio, cambiaron el cerdo por la iguana y el pollo por ratas, todo por no morir de hambre en un mundo de miseria.

Durante este tiempo, las salidas se limitaron para disponer de los cadáveres de las personas que caían como moscas en sus propias casas.

Dos años de penumbra para la raza humana, tiempo donde el deseo de vivir disminuyo. Al principio se reunían a jugar y charlar, después de un tiempo se consumían en su propia lamentación.

La muerte creció en todas las equinas, algo tan común como nacer se convirtió en una razón de muerte tanto para el niño como para la madre. La población adulta declino a causa de múltiples condiciones y poco cuidado médico. Nuestros niños aprendían a sobrevivir, leer y escribir, las escuelas se convirtieron en centros de quema de cadáveres.

Hoy salimos por primera vez, acostumbrarse a la luz del sol fue difícil después de tanto tiempo en penumbras. 

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