La esperanza se acorta

Esperanza

El sol se colaba entre las montañas, un nuevo día nacía y con él, la esperanza de que todo podía ser diferente. Aunque en la cabeza se colaba un remolino de emociones, el miedo dominaba ante las demás logrando que la esperanza que acababa de nacer se perdiera con cada respiro.

Sacudir los pensamientos no placenteros es trabajo duro así que concentrarse en el camino es lo único que queda, hasta que por osmosis se colara otro mejor. Así fue como llegue a mi trabajo y una avalancha de quejas sustituyo momentáneamente el miedo que reinaba.

La lista de pendientes mantenía mi mente sumergida en un trabajo que no me permitía pensar más allá de esas paredes y era lo que necesitaba. Mientras un sonido insistente intentaba sacarme de ese encierro.

Apague el teléfono, sin mirar los mensajes que seguían llegando. Era otro momento y yo también necesitaba un espacio, un espacio para no pensar. No pensar el caos y el miedo que me causaba, pero esa decisión no la tome yo.

Había crecido junto a él y todo lo habíamos hecho juntos. Rompimos ventanas practicando al béisbol, peleamos por chicas en la intermedia y hasta nos escapamos de la escuela juntos. Cuando me case fue mi padrino y yo el de su hija. Todo lo sabíamos del otro, por eso cuando decidió no seguir con el tratamiento me dolió. ¡Me abandonaba!

Lleva dos días recitándome las razones por las que tomo su decisión, sé que intenta hacerme entender, pero él no entiende que no puedo dejarlo morir ni pelear.

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