Tormenta de terror en la ciudad

tormenta

El día comienza con indicios de una gran tormenta, no literal.  Las noticias que circulaban desde hace una semana era la gran marcha que se llevaría acabó hoy.

Las personas de distintos lugares del país comenzaron a llegar haciendo que el caminar se hiciera imposible. Muchos llevaban pancartas, banderas negras y camisas con lemas alusivos a las exigencias del pueblo.

Exigían igualdad, muchos de ellos gritaron a todo pulmón que el gobierno los estrangulaba. El pueblo costeaba con altos impuestos los salarios de sus políticos mientras la población se sume en la pobreza y el miedo. Quién le dijo que la represión política había cesado.

Los uniformes color tierra se expanden por el área, con rifles en mano impedían el avance de la manifestación. El miedo reinaba de ambas partes, porque a pesar de todo ellos pertenecían al mismo pueblo. La tormenta se desato; rocas, palos y gases fueron lanzados. El corre y corre se formó, tratando de alejar a los manifestantes.

Terroristas, comunistas o macheteros, así son catalogados los manifestantes por los mismos a los cuales se le dio la confianza para dirigirlos. Llenado sus vidas de terror, mientras sus sueños de democracia se esfuman.

Mucho pasan hambre o no tienen servicio de salud y nada de seguridad para que sean más susceptible al control, personas desesperadas toman medidas esperada.  Así los grandes imperios han logrado conquistar terrenos y civilizaciones, esclavizándolos por migajas y perdiendo su identidad. Aun así, no aprendemos de la historia. Cada pueblo es libre, todos los individuos son iguales. Son términos que a estas alturas no logramos entender y esto no nos permite crecer como individuos. 

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