En la mañana

mañana

El despertador me levantó en la mañana con su ruido ensordecedor, ya los rayos del sol se colaban entre las cortinas y el café impregnaba el aire con su aroma, mientras me introducía al baño a cepillarme los dientes.

Una ducha tibia luego del ejercicio matutino y unos huevos revueltos que le harán compañía a unas tostadas con mantequilla. Esa era la rutina de todos los días antes de salir a trabajar, por lo que no encontré raro que el perro no ladrara para su comida de la mañana ni cuando fue abierto el portón quedaba acceso al patio.

Recogía a prisa los documentos que llevaría conmigo a la oficina y al tomar la chaqueta para salir sentí el metal frío introduciéndose en mi cuerpo y como quebraba mis tejidos. El aire se escapaba de mis pulmones mientras él arma hacia un jiro de 180 grados dentro de mí.

Caí de rodillas llevándome todo enredado. La sangre corría manchando lo que tocaba. La vida se me esfumaba mientras sus zapatos me rodeaban, los mismos que le había regalado para su cumpleaños.

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