La cosecha, parte I

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La lluvia golpeaba fuertemente contra el parabrisas impidiendo la visibilidad del camino. Joe y Patty conducían de regreso a casa y el GPS los había enviado por un camino desconocido, cuando derraparon en una curva que los saco del camino.

Trataron de empujar el vehículo, pero mientras más lo intentaban los neumáticos más se enterraban en el fango, hasta que se apagó. No había manera de llamar por ayuda, donde estaban no había señal. Así que no les quedo de otra que permanecer en el lugar hasta que el tiempo mejorara para ir por ella.

Cuando Joe y Patty despertaron, ya había dejado de llover y ya era de mañana. Tomaron sus abrigos y salieron. Al lado de la carretera un letrero pintoresco en letras anaranjadas leía; Pomona 1853, medio kilómetro de distancia, donde se cosechan los mejores frutos de todo el estado.

Caminaron hasta el pueblo, donde los recibió el olor a pasteles recién horneados. Entraron en la cafetería y pidiendo el especial. Les trajeron el café con unas rebanas de pie, una de calabaza y la otra de manzana cortesía de la casa.

Al salir de la cafería ya la dueña los había contactado con el mecánico, el que pasaría a recoger el vehículo. Terminaron registrándose en la posada que estaba al cruzar la calle, no sabían cuánto tomaría el arreglo del auto. Además, ese fin de semana Pomona celebraba su festival de la cosecha. ¡Porque no aprovechar!

Después de juegos, ventas de dulces y frutas, paseos en carretas y fuegos artifíciales, Joe y Patty estaban encantados del lugar. Ya el sol se había escondido y las calles comenzaban a vaciarse, cuando figuras con capuchas comenzaron a aparecer. Marchaban en silencio, observando a todo aquel que iba en su camino.

-¡Tranquila! Es parte de la celebración -le menciono Joe a Patty sosteniéndole la mano.

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