Mirando a la profunda nada

mirando

Allí está sentado mirando a la nada, allí fue que lo conocí una tarde de verano en el muelle de Cozumel, salpicaba agua a todo el que pasaba.

Fui una a las que salpico, caminaba con café y leyendo los mensajes de mi móvil. ¿Qué si me molesté? Alguna vez han probado café mezclado con agua salada. No, pues debo decirle que el sabor era repugnante y además estaba tarde para el trabajo.

Así fue como quedé atrapada en el azul cielo de tus ojos, era un chico de cabellos ondulado y negros. Me senté a su lado y lo miré, no se había disculpado.

Me invito a comer, era su manera de disculparse por el incidente de la mañana. Comimos algo rico que vendían en el muelle y caminamos por el mientras hablábamos.  

En la tarde al despedirnos, camine hacia mi auto sin darme cuenta de que me seguían. Me subieron a empujones y me sacaron de allí. Intentaba gritar, pero me tenían apretada fuertemente la poco con un trozo de tela, que me tapaba hasta los ojos.

Había sido un día interesante, de sentirme bella e importante pase a sentirme basura y desear que me mataran después de haberme destrozado por dentro con una pala. Sentir como apagaban los cigarrillos en mi piel y para completar salpicaban las heridas con agua salada.

Mirando a la nada, me encuentro tirada en un callejón medio vestida y medio viva. Esperando el momento en que el dolor se apague con la luz de mi vida.

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