El paisaje al acantilado

acantilado

La carretera tomaba una curva pronunciada, después era tierra y parchos de hierbajos. Al llegar cerca del borde podías ver el azul del cielo mezclándose con el color del mar. Las olas en su ir y venir a la orilla. Después de allí, el acantilado atrayéndome a él con su fuerza.

Perdía el equilibrio y veía como el hermoso paisaje se convertía en una vista aterradora, donde se elevaban unas rocas filosas que me esperaban al final. Luego de eso despertaba.

Un sueño recurrente que me hacía despertar gritando, aferrándome a las sábanas para no caer. Amaba el calor del sol en mi piel, el agua salada y la brisa de la costa, pero la sensación del acantilado me seguía. No podía acercarme a un borde sin sentir ese miedo y la sensación de caer.

Una tarde en que regresaba a mi casa encontré una desviación. La carretera estaba siendo arreglada y tenía que cambiar el rumbo. Solamente había una manera de llegar y era por la ruta vieja, la que pasaba por el acantilado.

Me aterré, pero decidí conducir lo más alejada del borde. En el momento que me tocó pasar por la curva divisé el horizonte, la vista hermosa que se veía desde allí.

Cuando el chirrido de unos neumáticos me hizo cambiar la vista para encontrarme con un auto que venía hacia mí. Vi como el hermoso paisaje se convertía en una vista aterradora y unas rocas filosas que me esperaban al final, y después nada. 

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